¡Ser piloto! ¿Alcanzar el cielo?

» Posibilidad y Aptitud» ¡Gracias al creador, que me facilito ese logro y esa virtud!

Aeroclub de Deportes Aereos Cubanos

Preparandome para un vuelo en Yantar standar de fabricación Polaca.

¡Ser piloto!, es un logro que no todos podemos alcanzar, principalmente por dos grandes razones, que nos limitan. Se trata de «posibilidad y aptitud», dos cualidades que parecen sencillas pero sin embargo requieren de un gran esfuerzo y destreza para  lograr su armonía; Desde niño, amé la aviación sin darme cuenta lo que podía significar  para mi, enamorarme de tan osado proyecto; Aquel avión que tenía como juguete preferido, construido con madera, y una hélice de (lata de leche) y apenas un poco de tinta de calzado, sustraído de mi padre, conformaban el elemento principal de mis juegos de niño; Convencido de lo distante de mi «posibilidad» de lograr mi gran sueño de niño, Cuantas dificultades surgirían en el largo camino de la vida,  como en un cuento fantástico del que era casi imposible alcanzar. Fui creciendo y ya mi viejo avión, mi juguete preferido, fue perdiendo su perfil, su ala derecha le faltaba un trozo que perdió en un supuesto aterrizaje forzoso de mi imaginación,  además de que  los años implacables debilitaron su estructura; Muchas horas de vuelo y muchos «combates se libraron en mis fantasías, pilotando mi pequeño avión, pero mi voluntad siempre se interpuso a mi «posibilidad», buscando nuevos horizontes y tratando siempre de lograr  mi sueño más hermoso. Mi primer ascenso en la conquista, fue cuando tuve la posibilidad  de alcanzar lo más alto de mi estatura, de sentirme libre bajo la cúpula celestial, y me hice paracaidista, había dado mi primer paso hacia la meta soñada. La «posibilidad» y mi «aptitud» se dieron la mano y mis sueños de adolescente se hicieron realidad, como aquellos primeros intentos de niño al saltar en paracaídas desde el viejo armario frente  a la cama de mis padres, atado  por los brazos y pies con  aquella vieja sabana que servía de paracaídas en mi imaginación o al menos lo intentaba en aquellos escasas centésimas de segundo que duraba el supuesto descenso de mi paracaídas. Ahora todo era real! surcaba el espacio en una caída libre bastante acelerada donde mis brazos como alas primitivas lograban planear relativamente en el espacio con la velocidad, y controlar mi cuerpo para  lograr ver la tierra desde mi posición, atraído solo por la gravedad, me dotaban del mejor estimulo en mi empeño. Así uno tras otros mis desafíos lograron superar las cifras de más de tres mil «saltos» al espacio uniéndose  más a la conquista y al placer de sentirme libre, era lo que siempre había soñado y aunque todavía mi corcel aéreo se limitaba al tejido sintético del «capron y el polyester» de mi paracaídas, a pesar que su  aterrizaje era algo violento, me sentía colosalmente satisfecho, feliz con la recompensa que había logrado de la vida tras el corto tiempo y grandes esfuerzos en lograr algo que siempre soñé. Pero mi afán en alcázar la cúspide de mi meta  no se ¡limitaba!, me parecía que había logrado el coraje suficiente para desafiar la mortal gravedad, pero todavía quedaba mucho por hacer, alcanzar la sabiduría e inteligencia necesaria para dominar un avión y no exactamente aquel de madera que fuera mi juguete preferido que mi imaginación modelaba de diferentes formas, se trataba de probarme a mí mismo si  podía ser capaz de asimilar el control y la pericia de volar en un avión real. «Posibilidad y aptitud», volvieron a mi encuentro y me extendieron su mano, como brindándome de nuevo otra oportunidad de poder demostrarme a mí mismo si yo podía ser capaz de superar el nuevo salto que me había impuesto dar; Mi primer aerodino, aquel noble y hermoso planeador, L-13 con sus alas de metal y su esbelta aerodinámica, parecía invitarme a probar su «performan» de vuelo, desde luego tengo que agradecer a mi instructor Luis Carlos, su dedicación y el empeño en el entrenamiento de aproximadamente de ocho horas para la programación de mi soleo y de otras posibilidades surgidas que dieron sus fruto. Poco tiempo después, fui lanzado en aquel «hueco» en uno de los laterales de la pista de hierba, lleno de aceite de motor y lodo, para celebrar así aquel «soleo» que iniciaba  mi segunda conquista del espacio, ¡Que feliz estaba! En un corto tiempo comenzó un entrenamiento continuo y oportuno en mi formación inicial como piloto; Ya que se avecinaba un intenso trabajo en la preparación de futuros pilotos. Hacían falta instructores de vuelo y casualmente Yo era un aspirante, con poca experiencia, insistente y con muchos deseos de lograrlo; De nuevo la «posibilidad» me extendía su mano, Dejando a la «aptitud» el resto de mi intento; Los meses transcurrían sin percatarme, apresurados como si quisiera probar al máximo mi verdadera  posibilidad de hacerme piloto, un fallo o una imprecisión desastrosa acabarían con mi añorado proyecto y desde luego, aquellos  envidiosos como existen en cualquier parte del mundo, como juzgando tu posible «aptitud de vuelo» de aquel desconocido. Primero el planeador, después me hice «instructor», y la transición tan esperada del motor, me fueron dando solides  y alguna experiencia, ya tenía un motor en el morro; Ya era un piloto!! Había escapado de las limitaciones «térmicas» y podía escoger hasta mis propias travesías, horas tras horas, fui enriqueciendo mi experiencia de vuelo, siempre con la debida preparación para no caer en errores ni accidentes, ya que mi avance era bastante rápido para mis horas de vuelo. Otras transiciones a otros aviones de mayor performan, incrementaban mi categoría, ya podía hablar y dar opiniones con los más avanzados instructores,  había logrado «solear» y volar el monomotor más grande que teníamos en el club, el Antonov-2, Había tenido la oportunidad en uno de los cursos a los cadetes de la escuela de aviación militar, lograr hacer varios vuelos a los sub-sónicos L-39- «Albatros» y hasta el supersónico MIG-21, MF, como prueba final de conocer y poder volar lo que era un caza de combate, para sellar así la experiencia de todo un piloto-instructor; Pero al parecer esto no sería mi último regalo; Una nueva modalidad culminaría con este reto que había aceptado de  la vida como ¡piloto! La acrobacia aérea!!!, lo confieso nunca había pensado en tal «locura» o quizás no tuve tiempo suficiente de detenerme a pensar en esto! Era algo que se me había dado la «posibilidad» y que no podía despreciar; Como paracaidista había experimentado estas sensaciones de ver el horizonte y la tierra desde diferentes posiciones, pero! que diferencia a estar sentado en un avión en una posición totalmente diferente a la que te habías acostumbrado, que diferencia del efecto de las «G» al sentir tu cuerpo pegado al asiento, en una barrena de más de cinco vueltas, Hasta aquel atardecer de tu visión al ser aprisionado por la fuerza de gravedad, dejando de fluir la sangre por centésimas de segundo al cerebro, al volar invertido ¿Que sensación? tan desagradable a la vez enriquecedora y emocionante que cumulo de ¡experiencias!, Me sentía orgulloso en la manera que iba dominando aquel avión «caliente» para lo que no estábamos acostumbrados  y además no solo volarlo, si no también compartirlo con mis alumnos, es algo que siempre recordaré en mi vida, aunque no pueda volar ya por la edad, mis sueños se hicieron realidad, gracias!! a que pude unir en un abrazo  «oportunidad» y «aptitud», para lograr mi sueño de ser un ¡piloto!….. Hoy me divierto construyendo alguna maqueta como lo hice en los principios o simplemente sentarme frente a mi ordenador y rememorar un vuelo virtual o escribir mis memorias, o quizás mas simple dar un consejo a las nuevas generaciones de pilotos que conocí; Lo que logre!!, Gracias a la «Posibilidad y Aptitud» ese empeño junto con esa virtud que puedes alcanzar si te lo propones, o por lo menos ¡inténtalo! Con el tiempo supe que a veces nuestras posibilidad nunca llega!! o son efímeras, y no podemos lograr probar nuestra «aptitud», pero de lo que si estoy seguro de que si lo quieres y lo deseas con fuerza y arrojo ¡lo logras!!

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