
Ejercicio llamado el vuelo del pajaro, colgado de la cola de un avion por una cuerda de 30 mts.

Momentos despues de aterrizar en que me recogian al terminar de ejecutar el «vuelo del pajaro» en la ciudad de Bayamo, Cuba
Este título no significaría nada, para cualquier humano, su alcance se entendería como » lo más común que hacen las aves» para trasladarse de un lugar a otro.
Pero! condicionado a una supuesta acción de un ser humano, en nada tendría que ver con una irracional forma de imitar a las aves.
Desde tiempos inmemorables los seres humanos tratamos de imitar esta acción de las aves, desde las mitológicas fabulas de Ícaro, y del empeño de muchos hombres que trataron de llevarlo a la inmortalidad.
Alas imitando a las aves y mil formas de vencer al enemigo común de los terrestres, «la gravedad», formaron parte de la conquista del cielo..
Hoy en día, resulta muy fácil, volar, desde un moderno jet, hasta la imitación del vuelo «relativo», de un paracaidista, volando en su descenso.
Hace apenas dos siglos, volar era solo el patrimonio de maquinas, diseñadas por el hombre, donde el coraje y la suerte eran las alternativas ciertas de supervivencia a tales osadías.
Ahora bien!!! Voy a relatarles como sin «comerla ni beberla» me vi involucrado en algo que jamás había previsto,…… voy a narrarles fragmento de mi libro, donde explica, aquel momento descabellado para muchos, que fue real para mi hace mas de 50 años.
Copiado del Capitulo 11 de mi libro: «Las Alas de mi vida»
“No sé si la vida te premia, con aquel u otro reto, como poniendo en juego tu capacidad de resolución y de decisión. Pero de lo que si estoy seguro que solo depende de ti, si escribes o no tu historia con relevancia”
«Muchas fueron las anécdotas y experiencias que diariamente protagonizábamos, me recuerdo que habíamos sido invitados a Bayamo, el municipio capital de la provincia de Granma, con el objetivo de hacer una exhibición en esa ciudad y preparar las condiciones para la celebración de la una competencia nacional de paracaidismo en ese municipio. Ya habíamos hecho algunas en otras provincias con excelentes resultados, los números estaban montados, era todo un circo aéreo. El Abandono, La troika, La estrella, y el “súper show” lleno de tensión del el “Vuelo del Pájaro”. Como protagonista principal hecho por Guerra, un veterano instructor, maestro en estas exhibiciones.
Era un ejercicio complicado, hacía falta, tener valor, pericia, arrojo y experiencia sobre todo para colgarse detrás de la cola de un avión y pasar sobre los espectadores a escasos ochenta metros de altura era algo que aquel publico disfrutarían con cierto morbo!…aquel desafío que por cualquier imprevisto podría ser fatal, ¡había que tener dimensiones anormales de los “escrotos” para hacerlo”!. Esto para Guerra, era quizás como tomarse un vaso de agua, aunque siempre no se tenía mucha sed!
El ejercicio había que hacerlo en un solo vuelo por sus características complicadas además de peligroso, con el avión vacío, solo con el suficiente personal paracaidista que te ayudaría, para bajarte del avión, sujeto con una cuerda especial a un sistema de liberación del paracaidista con la cuerda que estabas atado, el paracaidista saldría al exterior de la aeronave y se le soltaba la soga de aproximadamente unos treinta metros de largo, despacio para no golpearte, sujetando bien fuerte ya que si te soltaban muy rápido te causarían problemas al partirse los enganches de sujeción del avión, después de estar totalmente afuera, la aeronave descendería hasta tomar una altura de unos ochenta a cien metros, y pasar sobre el público espectador, coqueteando con el peligro!…
Sin posibilidades de sobrevivir si en ese momento la cuerda se partiera o el avión tuviese un accidente, Era el ¡plato fuerte! del paracaidismo en Cuba… en aquellos tiempos, el invento «Ruso» nunca antes visto.
Llegamos a aquella ciudad, Que no conocía? de la región oriental y fuimos para el hotel donde nos alojamos, posteriormente por la tarde e hicimos la preparación de vuelo, para ultimar los últimos detalles del ejercicio que haríamos al día siguiente, Los números ya estaban montados, yo haría el abandono, que consistía en llevar tres paracaídas que abriría poco a poco dejándolos abandonado simulando una mala apertura, Urbano el salto con banderas y así los otros números, hasta terminar con el mayor e impresionante show…
“El vuelo del pájaro” ejecutado por Guerra, aquel hombre decidido sin miedo.. (aparente)…., con una buena cantidad de saltos en su haber y una vasta experiencia en ese complicado ejercicio (era el segundo hombre en el país que lo realizaba).
A la mañana siguiente de aquel domingo de Junio, nos levantamos alrededor de la 5am, para comenzar los preparativos para la exhibición, Ya había una gran expectativa anunciada por las emisoras locales, en la noche anterior en una de esas incursiones para “conocer” la ciudad habíamos tenido el contacto directo con algunas jóvenes muchachas, que como «merengue» nuevo en la puerta de una escuela, aspiraban pasar un rato agradable con aquellos intrépidos visitantes, aquellos paracaidistas, una versión de un “verdadero macho” a lo cubano ., ¡Algo novedoso! En aquel pueblo del interior del país, sin mucha opciones de diversión y sin mucho a que aspirar, por los jóvenes.
Montamos en un ómnibus que nos trasladó al aeropuerto, donde se haría la exhibición, Muy temprano el público fue llenando el área donde se relazaría aquella exhibición , Mujeres, hombres, niños, y hasta que uno que otro anciano, quizás para observar el espeluznante, reto a la muerte, jamás presenciado por él.
Sobre las nueve de la mañana, nos pusimos los paracaídas, ya teníamos bien claro, nuestros ejercicios, el primer vuelo se haría a dos mil metros, se haría la troika, saltos con banderas y bengalas y el abandono que haría Yo, todo se confirmo con éxito!! Abordamos el avión, que rápidamente corría por la pista, en su afán por ganar la altura de 2000 mts, en el primer pase, Saltarían Guerra, Urbano y Basilio, Después yo con el abandono, y por ultimo Aponte, Después de hacer mi ejercicio, siempre con la supervisión del Ruso “Slava”, como le decíamos, descendí en aquella plaza cerca del blanco a escasos mts, recogí mi paracaídas y me dirigí a la zona de plegamiento, y lo volví a preparar para el último salto del día que era un desembarco, masivo que cerraría con mucha vistosidad la actividad, además por mi complexión física, joven y fuerte, debía ayudar a Guerra en el ejercicio del “Vuelo del pájaro”, dejado para la terminación de aquel festival aéreo.
Pero algo inesperado ¡sucedió!,…Guerra, después de saltar, el viento lo arrastro hacia una carretera, y al aterrizar en ella se fracturo un brazo y fue conducido al hospital, lamentable inconveniente para esa exhibición y para un número tan esperado por el público.
Aponte nos convocó a una reunión inmediatamente, nos reunimos cerca del lugar donde era la zona de aterrizaje, Junto con el ruso “Slava”. Aponte, traducía!. Guerra lo llevaron al hospital, tiene una fractura en su brazo, está bien, pero ya no puede hacer el vuelo del pájaro! Así que tenemos que sustituirlo! No podemos dejar de hacer este número, el público está esperando!…
Un silencio espectral entre nosotros!…se podía oír la respiración de cada uno, Slava, continuo hablando, y Aponte traduciendo! además del inconveniente de Guerra, también se había quedado la cuerda preparada, para el ejercicio, (era casi imposible hacer este Show) pues a Guerra se le olvido traerla!.
Nadie contesto a las palabras de aquel entrenador Ruso, para ninguno de nosotros era algo agradable ese número y siguieron escuchando sus palabras, De pronto Aponte, quizás por salir de aquel atolladero de responsabilidad, en que el ruso, proponía un sustituto y no había respuesta de ninguno de nosotros, me señalo y me dijo, ¡Tú Quintino!,
Por un momento no comprendía tal decisión descabellada!…de Aponte o del Ruso, ¿está loco, pensé?…Como lo voy a hacer si no tengo la experiencia, ni esta la cuerda para ¿hacerlo?. Pero el Ruso, me llamo y es donde me doy cuenta que no había sido la salida de Aponte, si no la decisión del Ruso, ¿Qué? Yo tomara el puesto de Guerra para hacer ese número.
Trague varias veces en seco, todavía no podía comprender?, en qué lío tan gordo me había metido ese Ruso. Pero la «hombría» pudo más que la flojera de mis piernas en esos instantes, sin todavía entender aquella selección de quien fuera y sin pensarlo mucho, pues creo que si lo hubiese pensado más me tendrían que coger corriendo por todo ese campo de tierras Bayamesas y con una mueca de aprobación me preparé para hacerlo.
Después de esperar un tiempo prudencial y todavía con la esperanza que no apareciera una soga, como aferrándome a una negativa elegante. Alguien dijo, aquí está la ¡soga!! Y de verdad allí estaba la cuerda, Era del grueso del dedo pequeño mío!… Slava, la puso doble, y comenzó a estirar buscando el largo aproximado de los treinta metros requeridos, Después de una corta preparación, mire a mi alrededor y vi a los espectadores contentos se disponían a disfrutar de aquel numero circense… Me daba la impresión que estaba en un coliseo Romano.
En unos minutos nos dirigimos al avión que ya tenía quitada la puerta de carga y comienzan a pasar el extremo de la soga por los ganchos que tiene el avión para sujetar el transporte de las cargar, el otro extremo, de la cuerda doble la unieron a mi paracaídas, pasándolo por el sistema de arnés de los laterales, hizo varios nudos en aquella soga, fijando así, mi cuerpo al extremo opuesto.
Aponte hizo la traducción de todas las indicaciones “después de la señal para la liberación de la cuerda tenía que cortarla y abrir mi paracaídas inmediatamente a escasos diez segundos de mi separación del avión” eran las últimas indicaciones de nuestro Cesar perdón!! «asesor ruso».
Por un momento pensé que se cancelaría este número y yo saldría de este atolladero, en que me había metido, pero para beneplácito de los demás se mantuvo tal decisión de aquel entrenador nuestro en paracaidismo, aquel especialista del Deporte que había dado las últimas instrucciones seguro de lo que estaba haciendo.
Comencé a repasar las últimas indicaciones impartidas y fue cuando el ruido del motor de aquel An-2CX me hicieron mirar a mi alrededor, las miradas del público desde lejos que me seguían en la preparación, quizás admiraban a aquel superhéroe que se enfrentaba al peligro!, O Las de mis compañeros, que elogiaban aquel sacrificio de su compañero por tal osadía o muy interiormente quizás se lamentaban de la decisión que debía afrontar dentro de poco.
Aquel grupo de cinco hombres y nuestro «asesor Ruso», se montaron en el avión, eran los que me asistirían en la salida… Aquella nave despego, en busca de la altura en que me sacarían al exterior, Por última vez me chequeé, el equipo, los candados de mi paracaídas, el paracaídas de reserva, el que apreté fuertemente a mi abdomen, acariciando con la mirada, la argolla de apertura como previendo algo que pudiese no funcionar, también aquel nudo, de la soga y el cuchillo que me había dado Urbano, con el que tenía que cortar la cuerda para liberarme.
Chequee la cuerda que sujetaba el cuchillo a mi reserva, sabía que si se me caía, no había oportunidad de liberarme después que estuviera afuera colgado detrás del avión, entonces ellos como medida de emergencia cortarían la cuerda desde el avión, y Yo caería con una soga de treinta metros, atada a mi cuerpo, donde podía enredar mi paracaídas en su apertura, conduciéndome a un desenlace fatal.
También tenía que estar alerta, cuando me sentara en la puerta, debía estar preparado para cualquier emergencias… puesto que mi paracaídas se podría abrir, involuntariamente… y al abrirse, si no era capaz de cortar rápidamente la cuerda podía ser arrastrado con el avión que se proyectaría inmediatamente hacia la tierra perdiendo la sustentación por el frenado de mi paracaídas abierto y sujeto al fuselaje, todas estas acciones las fui, recordando una por una, además de otras más que me menciono el técnico ruso.
La señal del avión se ilumino,… Ya estaba en la altura de 800 mts, donde me sacarían al exterior, a una señal de Jarikov, me dirigí a la puerta, me senté en su borde, ¡estaba cagáo!… La masa de aire golpeaba fuertemente, mis piernas y mi cara, Me ajuste las gafas que en un momento se habían corrido, Mire al exterior, impresionante! Aquel pueblo grande parecía, darme la bienvenida, creo que todo el mundo estaba en las azoteas de las casas para presenciar el numerito de aquel ¡loco!, que se sostendría atado por una cuerda en la cola de aquel avión.
Muchos quizás con el sádico y morboso propósito de no perderse, lo que podría ser un accidente, otros admirando el poder y valentía de aquel hombre. Yo, desde luego tratando de resolver una vez más, el compromiso de la hombría y el coraje de ser un paracaidista.
¡De pronto! siento como suavemente, a pesar de la masa de aire que golpeaba mi cuerpo, voy saliendo al exterior del avión!… Impresionante y nunca visto por mí o por pocas personas, aquella parte de abajo del fuselaje, el tren de aterrizaje y las manchas de aceite, dejados por los escapes del motor debajo de su fuselaje, bajos mis pies la tierra que me vio nacer!… Y que me agasajaba en una bienvenida silenciosa…Así luchando con aquella masa de viento que me golpeaba a más de ciento ochenta kilómetros por hora, Tratando de estabilizar mi cuerpo detrás del avión, la soga se fue separando, hasta llegar al final, tensa como una cuerda de violín, soportando el gran esfuerzo de aquellos ochenta kilogramos en su extremo, me acomode de nuevo las gafas… mientras el avión comenzaba a hacer un giro amplio, buscando de nuevo la plaza de salto donde debía aterrizar con mi paracaídas.
Ya en el exterior comenzaba a descender mientras buscaba la ubicación correcta y encausaba su rumbo hacia la zona del público, en un giro amplio por toda la ciudad, tal vez para que los espectadores que no fueron pudiesen contemplar aquella maniobra circense, única vista por primera vez en Bayamo,…yo Luchaba por mantener mi cuerpo estable en el descenso del avión…pero la presión de la soga improvisada sobre mi sistema de arnés no me permitía una simetría que lograra una buena estabilidad detrás del avión, la presión que ejercía el remolque de mil HP de su motor, cerraban el sistema de arnés haciendo que presionara mis piernas, con los arneses que ajustaba mis muslos…estaba muy incómodo y sentía como poco a poco, esa presión en mis piernas estaban cortando la circulación!… el cosquilleo clásico de “las piernas dormidas” limitaban la sensibilidad de ellas.
No veía el momento de la señal de Slava, el ruso, para desprenderme de aquella atadura tortuosa…Entre la lucha que me obligaba a hacer un esfuerzo por lograr la estabilización de mi cuerpo detrás del avión, la tensión propia del ejercicio y el descenso del avión, aumentando o disminuyendo la velocidad, provocaban que la tensión de la cuerda en ocasiones diera unos estrechones, que simulaban que se había partido la soga, el cambio brusco de la altura del avión, como si se hubiese detenido su motor…Había que estar alerta por cualquier imprevisto, si en algo te respetabas la vida!… los segundos eran importantes en ganar ventaja a cualquier situación si algo de esto sucediera.
Arriba a unos treinta metros de mi, la puerta del avión y la figura del Ruso, controlando mi posición, como dándome animo!, con su señal del pulgar de su mano hacia arriba, llenándome de coraje,
Otro giro amplio y la señal del ruso, indicándome que entrabamos en el curso del desenganche, por unos instantes la contemple, La tierra se había acercado más, mi altímetro marcaba unos cien metros, Distinguía perfectamente a las personas paradas sobre las azoteas de sus casa, busque la plaza de salto por donde pasaría sobre el público, la divise cerca a unos ochocientos metros en el curso que llevaba el avión, podía ver la cruz del blanco y la manga veleta que señalaba la dirección del viento, me parecía que estaba imitando a “Superman” el de los cómic, volando a más de ciento ochenta kilómetros por horas, solo que sujeto a una cuerda de treinta metros de largo.
En breves segundos, pasé sobre el público asistente a la demostración, aquella gente que en señal de admiración ante tal espectáculo de arrojo o locura, decía adiós con sus manos y gritaba de júbilo ante tal espectáculo circense,…Chequee mi altura ochenta metros, Ñoo!.. Era muy difícil a esa altura resolver cualquier imprevisto, un desenganche, no sería lo suficiente rápido para una solución y sería fatal… Era más bien “suerte que pericia” así de simple!
En cuestión de segundos sobrevolé el área de la exhibición. Inmediatamente noté cómo aquel ANTONOV-2 ascendía buscando lo más rápido posible la altura, como si en esto tratase de mejorar la situación de peligro con el sobrevuelo la baja altura, comenzando en su ascenso al mismo tiempo un giro amplio de ciento ochenta grados, tomando como centro aquella plaza de salto.
Volví a ver el entorno de la ciudad, y el público en las azoteas de sus casa. ví cómo había ganado altura. Ya mi altímetro marcaba unos mil metros y me dirigía al segmento final para mi desenganché de aquella soga que había resistido todo el ejercicio.
Mis piernas trate de tocarlas… Ya no me la sentía! La presión de la cuerda había cortado la circulación de ellas y las tenía entumecidas. Ya me acercaba al lugar por donde me harían la señal del desenganche, era la otra etapa compleja de aquel ejercicio quizás la más difícil, mire el cuchillo que tenía que utilizar para cortar aquella soga, estaba en su lugar, mire la argolla de apertura del paracaídas, también estaba en su lugar, volví a ver la altura y mire a la puerta donde “Slava” me haría la señal, repase el protocolo, en caso de una apertura deficiente, miré los candados OCK de mi paracaídas, los»seguros» puestos, también la argolla de apertura del paracaídas de reserva, todo en orden!!! Volví a mirar el curso y vi a Slava en espera de la señal que muy pronto haría.
Pasaron varios segundo y de pronto!!, comenzó a mover su brazo según lo acordado, era la señal, para el desenganche!!!, Tome el cuchillo, sujeto al paracaídas de reserva y lo extraje de su vaina, aguante con la otra mano el extremo de la cuerda… mi cuerpo giró!… al no poder mantener la posición de estabilidad con mis manos, corte, la soga.. esta comenzó a deshilacharse, sin todavía liberarme!… volví a cortar con un movimiento rápido fuerte. De pronto sentí como si por un instante mi cuerpo se detuviera en el aire, y comenzara a caer.
Esperé unos segundos para estabilizar mi caída… y adquirir un poco de velocidad que ayudara a la apertura rápida de mi paracaídas… Accioné la “argolla” que abría mi paracaídas principal, aquella masa de tela y cuerdas comenzaron a desplegarse más rápido de lo que no había imaginado,… en fracción de segundos su cúpula se inflo, a una velocidad casi imperceptible a mis ojos, disminuyendo así la caída libre… mi paracaídas se abrió ¡perfectamente!
Separe el cuchillo y lo protegí al lado de mi cuerpo mientras duraba su despliegue para que no fuese a picar las cuerda en su apertura, después de abierto, lo guarde en su vaina sobre la reserva, Chequee la campana de mi paracaídas UT-15 y el lugar del desprendimiento,… comprobé que estaba algo lejos del lugar del aterrizaje y un poco separado del curso, con las manos trate, de tocarme las piernas para sentirlas, era imposible!… mis piernas no respondían al toque de mis manos, no las sentía, había estado más de cuarenta minutos afuera colgado del avión.
Me prepare a pesar de no sentirlas… sabía que al tomar tierra mis piernas se desplomarían sin poder soportar mi peso en mi descenso, me fui desplazando fuera del área de aterrizaje,… por mucho que quise no pude corregir la desviación del lanzamiento que había sido malo, Busque un lugar seguro donde aterrizar entre tanto “marabú” (planta espinosa)…Lo escogí y me decidí a tomar tierra, por último toque mis piernas, no las sentía!.. Vi cómo se acercaba la tierra, calcule que no debía ser fuerte la toma de tierra, pues no había mucho viento, pero! Sabía que no tenía dominio de ellas para hacer un buen aterrizaje, De pronto!! Caí sobre mis piernas que no, soportaron el peso del cuerpo, no había tensión mis músculos estaban dormidos… ¡No sentía nada!…
Ya en el suelo, Trate, pero no pude!, No podía levantarme! A los pocos minutos, llegaron a mí, unos compañeros en señal de auxilio, los que se detuvieron al verme en la tierra…Yo ya comenzaba poco a poco a sentir de nuevo mis piernas, Aquellos hombres me ayudaron a incorporarme!,..Ellos en señal de agrado me saludaron con júbilo y fue secundado por el resto de los asistente… ¡Estaban ayudando! a aquel hombre que les mostró coraje y que desafió a la “muerte” era increíble y de gran orgullo para ellos el poder ayudarme, recogieron mi paracaídas y me dirigí con dificultades cojeando de mi pie derecho, poco a poco a la plaza de salto…Había concluido la exhibición,… el cielo estaba lleno de campanas de paracaídas en colores, era el vuelo final de aquel show aéreo, de paracaidismo!.
Llegue a la zona de aterrizaje, mire alrededor, oía los comentarios de madres señalándoles a sus hijos para que vieran aquel “superhéroe”, La emoción me embargaba, me sentía satisfecho de hacer lo que hice, mis compañeros del vuelo, me respetaban un poco más, sabían de mi osadía, al asumir un ejercicio que jamás me había preparado para él y ocupar el puesto en sustitución de mi compañero Guerra.
El ruso sonrió de nuevo y me toco por el hombro en señal de satisfacción y que no lo había defraudado. Estoy seguro que pensó, que no había hecho una mala selección conmigo al escogerme, estaba contento, a medida que pasaba el tiempo mi tobillo derecho, se inflamaba más, dificultándome caminar, un esguince… señalo el médico después de asistirme.
Luego en la actividad de despedida, a pesar de que debía hacer reposo, muchos me felicitaron y alguna que otra fémina se situaba en el ojo de mi disparador, Ella con la esperanza de ser seleccionada por aquel muchacho paracaidista que había dejado para siempre, un recuerdo en aquella población de la ciudad de Bayamo, algo casual que la vida me había impuesto, en un reto decisivo y que yo asumí,..como tratando de persuadirme en los intentos de ser un discípulo más de ÍCARO y de tratar de escapar del laberinto.
Para mí fue una gran experiencia que siempre recordé en mi vida como paracaidista, fue un aval, además de convencerme una vez más que tu decisión es tan importante en cada momento…y que esta puede cambiar para siempre los conceptos que tienen de ti, las demás, de tu persona.
Hoy en dia es facil hacer este ejercicio, la tecnica se ha perfeccionado y muchos mas despues de mi lo hicieron y quizas pudieron comprobar si fue cierto este relato.
«En honor a Nelson Alonso Mirabal, el primer cubano que lo hizo, Juan Fco Moreno Guerra el segundo»
Gracias a todos los que me ayudaron en tal ejercicio.





