“Desempolvando la historia aeronáutica Cubana”.

«El vuelo de los audaces»

 

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Agustín Parlá

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Al conmemorarse el 103 aniversario de aquella gran hazaña aeronautica.

El 17 de Mayo 1913 Domingo Rosillo y Agustín Parlá,  inscribieron sus nombres en la historia de la naciente aviación Cubana, Estos pioneros realizaron el primer vuelo internacional latinoamericano, estableciendo un récord mundial de distancia al volar en sus aviones las 90 millas desde Key West (Cayo Hueso) en la Florida, E.U.; hasta La Habana en 2 horas y 40 minutos.  Este récord le fue arrebatado nada menos que al famoso piloto y diseñador aeronáutico francés Luis Bleriot.

Este vuelo se le denomino “el vuelo de los audaces” y se consideraba extremadamente peligroso al sortear casi 145 Kms, desde Cayo Hueso,  atravesando el estrecho de la florida  y La Habana en aquella época.

Esta hazaña de la aeronáutica con la que dio inicio la historia de la aviación entre ambos países se produjo tan sólo diez años después de que los hermanos Wright realizaran en 1903 el primer vuelo de la historia de la aeronáutica  y a cinco desde que Louis Blériot cruzara por primera vez, en 1908 y con un monoplano, el Canal de la Mancha.

Otro piloto norteamericano McCurdy lo había intentado sin éxito y en ese año, 1913, dos cubanos repetirían el propósito en busca de mejor suerte.

Una oferta nada despreciable

El Ayuntamiento de La Habana decidió premiar la proeza:  «¡Diez mil pesos para el que llegue primero y cinco mil para el segundo!»

A sus 34 años, Rosillo recorrió en dos horas y ocho minutos en su monoplano Morane-Saulnier, los casi 145 kilómetros del Estrecho de Florida que separan Cayo Hueso -el punto más al sur del Estados Unidos continental- y la isla caribeña de Cuba.

¿Cómo se realizaría este vuelo?

El vuelo de Rosillo contaría con la custodia de tres barcos de la Marina Nacional cubana: el «Patria» estaría a 45 millas de La Habana, el «Hatuey» a 30 y el «24 de Febrero» a 15. Un buque norteamericano: el cañonero «Peoria» también cooperaría con la seguridad de los intrépidos pilotos.
Cuando el primer avión despegara, en La Habana la batería de salvas de La Cabaña dispararía dos cañonazos que anunciarían el inicio de la travesía.

Sin embargo, aún no estaba precisado el día. Rosillo había acudido antes que Parlá a Cayo Hueso y si no hubiese sido porque la hélice de su monoplano Bleriot-XI se había roto durante un vuelo de prueba.

.Esto fue debido  a que ese día Domingo Rosillo del Toro hizo un vuelo  para complacer a los emigrados cubanos que ansiaban su triunfo, ya habría intentado la empresa. El asunto de la hélice se complicó y en espera de que ésta le fuese enviada desde Cuba, llegó Parlá a Cayo Hueso, con su hidroavión Curtiss, de 80 caballos de fuerza.

Agustin Parlá tenía en su contra la falta de experiencia, y a su favor la superioridad de su aparato para realizar vuelos sobre el agua, pues si descendiera violentamente sobre el mar quedaría flotando. De cualquier forma la hélice de Rosillo demoró más de lo esperado y aunque Parlá se encontraba listo para el vuelo, las condiciones del tiempo no eran propicias. Ya se conocía que Rosillo traería consigo una valija de cartas y una orden para comprar tabaco de la fábrica de Gato,por primera vez la industria tabacalera utilizaría la aviación para sus operaciones comerciales.

La esperada hazaña

Por fin llegó la tan esperada hélice para el monoplano Bleriot. Todo quedó listo para el 17.; Con las primeras luces del alba de ese día, en el mástil más pequeño de los tres para señales del Morro de La Habana apareció una bandera roja: el público supo que ese era el gran día.
A las 5:10 a.m. partió Domingo Rosillo. Su avión lo bautizó con el nombre de Habana y en el timón se leía: Cuba. Voló 2 horas, 30 minutos y 40 segundos. A punto estuvo de perecer antes de dar cima a su hazaña: se le acabó la gasolina. El fuerte viento de costado le hizo consumir más combustible de reserva.
Repuesto del susto del viaje, declaró:
-¿Mis impresiones de hoy? ¿Usted ha oído hablar de la tempestad bajo el cráneo?

«Empecé a ver cómo descendía el nivel de la gasolina en el tubo indicador, con una precipitación superior a la calculada. Sólo veía mar y cielo. La máquina trabajaba con regularidad admirable; vi al «Hatuey», lo pasé; el tubo estaba casi vacío; finalmente divisé Cuba (…) Llegué sin una gota de gasolina, ni siquiera pude aterrizar donde debía, en el Polígono de Columbia, y tuve que bajar en el campo de tiro. El viento me hizo consumir más combustible del que debía. Había llenado el tanque con 50 litros, y por esas corazonadas que uno a veces tiene, le eché 10 onzas más…»

Agustin Parlá, por su parte, había partido a las 5:57 y a las 6:01 tuvo que regresar:

Agustin Parlá, por su parte, había partido a las 5:57 y a las 6:01 tuvo que regresar: 

«Inicié el vuelo, pero el aparato no me obedecía y no se remontaba, me lo impedía el viento que soplaba. Cuando regresé y lo examiné encontré rotos dos alambres tensores del timón de profundidad.» Rosillo era, sin discusión, el ganador.

De nuevo en el intento

El dia19, a las 2:00 de la tarde y sin previa notificación de sus intenciones, Parlá se remontó nuevamente en busca de la anhelada meta. No tuvo protección de la Marina. A diferencia de Rosillo, que prefirió volar escoltado por barcos, Parlá vuela sólo. El aviso llegó a La Habana sorpresivamente y el público se aprestó a recibir al resuelto aviador; Más de dos horas transcurrieron y aún no se divisaba el Curtiss desde el Morro. ¿Habría perecido? ¿Estaría flotando en alguna parte del Caribe?¿Lo habría arrastrado el viento a quién sabe qué lugar y ahora volaría sin rumbo? se preguntaban todos.

¡Pero! Pronto llegó la respuesta: «El aviador Agustín Parlá acuatizó en la bahía del Mariel, con peligro de su vida, a las 4:30 de hoy 19 de mayo de 1913. Fallas del motor le impidieron llegar a La Habana.

Se encuentra bien y ya partió en automóvil hacia la capital, desviándose hacia el este de su ruta».

De su partida desde Cayo Hueso un cronista escribió: «…lleno de un patriotismo sin límite y una resolución tenaz, se lanzó al espacio en viaje de pruebas, y cuando el pueblo que lo seguía con la vista creyó terminado el vuelo, vio al aviador maniobrar con rumbo al…ideal, a Cuba».

El Ayuntamiento de La Habana otorgó el segundo premio a Parlá, aunque, en verdad, quien ganó fue Cuba, pues como se afirmó entonces: «su nombre se inscribe en la historia de la aviación y se colocará entre los países más adelantados en el empeño de llevar la aviación hasta el límite máximo del progreso».

Desaparece un gran héroe!

Se dice que por intrigas profesionales e ignorancia de algunos funcionarios, incapaces de reconocer los valores de los seres humanos, su alma padeció hasta el mismo instante en que se decidió quitarse la vida; Poco antes se le había negado, incluso, la posibilidad de la emisión de un sello conmemorativo, para perpetuar una de sus hazañas.

Se dice también que su muerte —por su propia mano— se produjo además por haber quedado, de golpe, cesante de su trabajo como 1er. Inspector General de Aeropuertos, a principios de 1946.Su muerte, ocurrida el 31 de julio de ese año, terminaba con la vida aventurera y fascinante de Agustín Parlá, el primer aviador cubano.

Lo cierto es que Parlá había sido el primer alumno cubano en graduarse del curso de la Escuela de Aviación Curtiss, de la Florida, aunque antes estudió allí el tristemente célebre Arsenio Ortiz, llamado con el tiempo el Chacal de Oriente y por la época testaferro del entonces presidente José Miguel “Tiburón” Gómez; pero Ortiz no terminó su curso; En su primer vuelo, el 9 de febrero de 1912, Parlá obtenía excelentes calificaciones, y su instructor, el piloto norteamericano Charles Witner lo señaló como el mejor piloto del curso.Es cierto que fueron tres los más destacados fundadores; pero Domingo Rosillo —hijo de padres españoles— había nacido en Argelia, y el cienfueguero Jaime González Grocier, mucho más joven, obtuvo su licencia de aviador —como Rosillo— después que Parlá.

Parlá había llegado a aquella escuela recomendado por John Mac’Curdy y Charles Walsh, ambos aviadores norteños, a quienes conoció cuando el joven  era solo un intérprete de inglés que trabajaba en el hotel Perla de Cuba; Uno de los pilotos estadounidense, en una de sus muchas demostraciones en La Habana, solicitó un voluntario para volar con él en el espectáculo. El joven cubano se ofreció y Walsh quedó sorprendido con la valentía, la cooperación y la destreza del criollo; Tres meses después Parlá obtenía su propia licencia, solo que al regresar a La Habana descubrió que era no más que un “piloto en tierra”.

Por la época, un endeble y precario hidroavión Curtiss —versión militar— valía no menos de cinco mil pesos, cantidad a cinco mil… pies de altura del bolsillo de Parlá.

A los héroes también se les honran recordándoles.

En la larga hoja de servicios del aviador cubano pudiera recordarse su vuelo sobre la Sierra Maestra, sus demostraciones nocturnas con fuegos artificiales, su labor como impulsor de un cuerpo de aviación para el ejército y su participación en el primer vuelo comercial EE.UU.-Cuba, al transportar en un aparato “Sunshine” un cargamento de ¡jabones!; Días después de este hecho Parlá realizaba un vuelo sobre la ciudad de La Habana, ocasión en que se tomaron las primera imágenes aéreas que se conozcan de la capital cubana; Luego de renunciar como primer director de la naciente Compañía Aérea Cubana —por razones nunca suficientemente esclarecidas—, Parlá transitó por diversas venturas y desventuras hasta su suicidio.

Hijo de emigrados cubanos en Cayo Hueso y colaboradores de Martí, Agustín Parlá Orduña había nacido en aquella tierra  —por circunstancias—  el 11 de octubre de 1887.

Biografía de: Domingo Rosillo,  El primer piloto militar Cubano

Domingo Rosillo, que murió en Cuba en noviembre de 1957, fue el primer cubano en obtener una licencia de piloto por la Federación Aeronáutica Internacional (1912) y reconocido como capitán en las Fuerzas Armadas Cubanas.

En 1916 viajó a España donde se convirtió en instructor de vuelo y luego decano de la Escuela de Aviación de Barcelona. En 1937 volvió a su Cuba natal, en la que recibió todo tipo de condecoraciones.

Unos años después de aquel histórico vuelo de Rosillo, Juan Terry Trippe recibió el encargo de suministrar un servicio postal regular entre Estados Unidos.

Para ello creó la desaparecida Pan American Airways (Pan Am), que se mantuvo durante décadas como la mayor aerolínea estadounidense y marcó decisivamente el desarrollo del incipiente sector del transporte aéreo de pasajeros en todo el mundo.

El 28 de octubre de 1927 realizó el primero vuelo internacional programado por una aerolínea estadounidense: se trataba de un Fokker trimotor cargado de sacas de correo que partió de Cayo Hueso y aterrizó una hora y diez minutos más tarde en La Habana; Unos tres meses después la aerolínea inauguró el primer servicio estadounidense de vuelo regular diario de pasajeros entre ambos destinos, un traslado que inicialmente hacía en un Fokker F-7 con espacio para siete viajeros.

“En memoria a dos grandes héroes de la aviación Cubana”…

datos recopilados de INTERNET.

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