
«Las Emergencias»
La palabra emergencia, traducida literalmente tiene un significado muy amplio aplicado a muchas actividades que pueden poner en peligro nuestra vida o la de otros.
«Accidente, desgracia, suceso, evento, acontecimiento» etc., Pero! aplicada a un evento aéreo, puede o casi siempre terminar en una desgracia o catástrofe.
Cuando nos iniciamos en el paracaidismo, estamos poniendo a prueba, nuestra capacidad y talento en dominar un medio no muy usual a nuestro desarrollo terrenal, Si!!!!… estamos entrenándonos para poder salir, del peligro que implica, con nuestra capacidad, velocidad y adecuada maniobra de un posible «imprevisto no previsto» y me refiero a nuestra principal actividad de saltar en paracaídas.
Cuando me inicie en este deporte tan emocionante y a la vez riesgosa, nunca pensé que tendría que pasar por este capítulo desagradable de mi vida.
Durante el curso en la preparación en tierra se insistía en varios casos especiales donde tú paracaídas fallaba, y tendrías que hacer uso si en algo considerabas tu vida, de la segunda oportunidad que te brindaba el paracaídas de emergencia o de reserva, que llevabas tantas veces en tu parte frontal y que no habías desplegado jamás, ni tampoco te hacía mucha gracia desplegarlo.
Tus primeros saltos, los hacía pensando en qué, podía suceder algo mal y te preparabas para esto, como el venado desprotegido de la maleza, pero sin darte cuenta que ahí no era donde empezabas a correr tú verdadero riesgo.
Los primeros saltos eran forzado a una apertura inmediata imposible de que ocurriera nada que fuera imprevisto, Claro!! me estoy remontando a la década de los 70, donde todavía no existía desarrollo de esta técnica y donde los paracaídas tenían un % elevado de mal funcionamiento, ya que era la década de transformaciones, de estudios y desarrollo del paracaidismo deportivo.
Pero en aquellos tiempos a pesar de ver esta acción como una emergencia había que prepararse tanto fisica como psicológicamente a un posible enfrentamiento con la «Parca» que sentada en una nube, vigilaba constantemente nuestro desarrollo y aptitud para cobrar su recompensa.
En la medida que aumentabas en experiencia, con cada salto, disminuía la sensibilidad y la reacción rápida correcta a una posible emergencia, ya sea total o parcial de nuestro paracaídas principal, al «no pasar nada», un poco que se alejaba de ti, esta posibilidad real en lo que tanto te entrenabas y en la que ya confiabas, que no sucedería nada.
Me recuerdo!! que un día de esos marcado por la vida, en un salto común había saltado de primero del avion en un grupo de 8, y al mirar a mi alrrededor en un chequeo de rutina, para contar las cúpulas abiertas y la proximidad de mis compañeros, observo que a unos trescientos metros aproximadamente, uno de los paracaidistas el ultimo, parecía tener problemas en la apertura, ya que su cúpula lucia con un inflado deficiente, es entonces que fijo mi atención a lo que estaba sucediendo, es el ultimo que salto, ¡me dije!.
Era Deisy, que luchaba por desenredar al parecer su cúpula. Me quede en un momento aterrorizado, imaginando las causas que podia traer tal problema, y casi inmediato mi pensamiento se centro en la apertura del paracaídas de reservas.
«Abandónalo, y abre la reserva», fueron mis palabras como un balbuceo desde mi posición.
Deisy, siguió luchando y el tiempo y la altura se agotaba, había sido un salto a unos 800 mts, y su paracaídas descendía muy rápido, ¡imposible tomar tierra así!; De pronto, un desprendimiento de su paracaídas principal, y casi de inmediato la tela blanca de su «reserva».
Pero la «Parca» estaba allí, y sucedió lo inesperado,…. Quizás para recuperar el tiempo perdido en su lucha y no descender más al separarse del paracaídas principal y perder mucha altura, abre su paracaídas de reserva el que se enreda con uno de los finales libres que no se libero de su cuerpo, enredándolo sin permitir la apertura de la cúpula blanca salvadora de su paracaídas de emergencia.
Así, sin opción alguna, siguió descendiendo y vi como su cuerpo chocaba con la tierra a escasos 500 mts de donde yo debía tomar tierra.
Después de los funerales de nuestra compañera, al otro día saltamos para «romper el hielo», superando el trago amargo de perder a una compañera.
El tiempo fue transcurriendo y después de aquel accidente, fue desapareciendo el alerta en mí al saltar diariamente. Estabamos entrenando fuerte para una competencia nacional que se celebraría en la ciudad de Cienfuegos, en Cuba, allá por el 75 o 1976, no recuerdo con exactitud el año.
En aquella competencia todo se realizo como estaba previsto, Yo había ganado en pericia, arrojo o quizás estupidez, al estar rondando los 800 saltos, me creia un todo señor de las alturas y de la caída libre confiaba mucho en mi paracaídas UT-15, ruso, mis aperturas muchas veces rondaban los 500 mts, de altura , se podia oir el golpe dinamico de la apertura, desde tierra y mucho comentaban quizas mi estupidez, en abrir tan bajo.
La competencia llegaba a su fin, y Yo organizaba parte de la exhibición que tendría lugar al final, y que consistía en un desembarco desde tres AN-2, al mismo tiempo 30 paracaidistas, saltarían abrirían sus paracaídas concluyendo así el desembarco multicolor como claúsura del evento.
Yo dentro del programa de la exhibición, era el responsable de aquel desembarco, Pero! antes debía saltar en pareja con unas telas multicolores de aproximadamente 15 metros, que voluntariamente o casualmente habíamos adquirido de la exhibición final del XII Campeonato Mundial en Szolnok, Hungría en 1974.
Este ejercicio lo haría Urbano Abreú y Yo, desde una altura de 2500 mts, era caer en caída libre suspendido por aquellas telas multicolores de unos 15 metros, muy vistoso desde tierra, después de saltar y realizar este ejercicio, tendria que dirigirme y abordar uno de los aviones para realizar el salto de desembarco, de los 30 paracaidistas incluyéndome Yo.
Realice este salto con banderas sin ningún contratiempo, aterrizando a escasos metros de la zona de plegamiento, Pero!!!, lo que si no había tenido en cuenta era que por mucho que fuera ágil en el plegamiento de mí paracaídas no tendría tiempo pues se demoraría mucho y este desembarco iba detrás del cierre de la exhibición.
Pero lo que si no sabía era,, qué sentada en una nube, la «Parca» afilaba su guadaña, y me estaba mirando fijamente, con una sonrisa en su rostro.
Mi prudencia no lo había tenido en cuenta y rápidamente tomé una decisión de pedir un paracaídas prestado que estuviera plegado, a un compañero, pregunte a varios y me respondieron que no lo tenían , Hasta que a mi compañero Fonseca, me dijo si, si!!… toma el mío, Yo satisfecho lo tome sin reparo lo ajuste un poco y casi ni lo revise, y me dirigí hacia el avión, que con su motor arrancado esperaba por mí, imparti las últimas instrucciones en recordatorio y me monte, junto con los otros 9 participantes.
Mientras que la aeronave tomaba la altura de 1200 mts, y se acoplaba en formación de Troika, los tres AN-2 hice mis ultimas observaciones a los demas paracaidista, abri la puerta a la señal del piloto y me agache en la puerta para dirigir el curso correcto del lanzamiento, hice algunas pequeñas correcciones en su curso final.
Yo era por la posición de mi avión de líder, el que daría la señal de saltar a los demás, cuando saltara los demás lo comenzarían hacer; Estoy seguro que también mi «ángel de la guarda», decidió protegerme y entonces mi pensamiento , y parte de lo que quedaba de cordura, ¡me dijo!: Este paracaídas no es tuyo!!!! , ten precaución!!! y no abras tan bajo, se conservador!!!,……. fue entonces que decidí abrir un poco mas alto de lo acostumbrado y no asombrar a los espectadores.
Por ultimo volvi la mirada al grupo, que puestos de pie, esperaban a que saltara, Vuelvo a mirar y salto al vacío, Claro, no podía hacer una salida cómoda puesto que entonces los demás saldrían muy lejos y no llegarían a la zona de aterrizaje, pero yo sabía que mi altura de apertura seria alrededor de los 500 mts, y eso me permitiría hacer mas cómoda mi aproximación a la zona de aterrizaje.
Ya en caída libre veo como el resto de los paracaidistas seguían saliendo de los demás aviones, , bajo la mirada y chequeo el lugar donde estaba descendiendo, chequeo la altura , iba pasando por los 550 mts, me inclino para la apertura y halo la argolla, e inmediatamente salió de aquella mochila el paracaídas, pero acostumbrado al alón de la apertura no sucedió, sin perder un segundo, miro y veo que aquel paracaídas sin desplegarse aún , era un rollo que jamás se lograría, abrir.
Bajo la mirada y veo la tierra demasiado cerca, en fracciones de segundo ,bajo los candados de mi paracaídas principal y acciono el bote, y sigo con la mano a la anilla de aperturas de mi paracaídas de reserva checo PZ, que lo tenia con un dispositivo de apertura inmediata, o sea un pilotín adaptado a su a la parte superior de su cúpula… Gracias a Dios y mi ángel de la guarda! senti el extrechonazo violento de su apertura, mire la tierra, muy cerca y mire arriba chequeando la cúpula que estaba bien.
Volvi a mirar mi altímetro que pasaba por los 150 mts. y prácticamente tomaba tierra en aquella verdes praderas del aeropuerto internacional de Cienfuegos, me preparo y como si la «Parca» no estuviese satisfecha, mi paracaídas bamboleándose me impacta algo violento sobre la maleza de aquella zona donde aterrice.
Por unos instantes me quedo unos segundo acostado boca arriba mirando las cúpulas de mis compañeros abiertas, Meditando quizás! o reponiendo las reservas de adrenalina que había perdido, en aquel salto.
A los pocos instantes el personal de la ambulancia, con dos camilleros se detuvieron por unos segundos frente a mi , hasta que me incorporo y ellos sobresaltados me preguntaron ¿estás bien?. Yo con una mueca en vez de una sonrisa, respondo en silencio a lo que fue mi gran susto y la llamada a la cordura a respetar los márgenes de seguridad, que nos impone los mejores que nosotros.
Ya en el aeropuerto repuesto y evaluando mi incidente, un periodista se acerco a mí para preguntarme de algo que sabia había pasado pero que no podía narrar con lujo de detalles y le respondí mi paracaídas tuvo problemas y «Nada aplique la técnica, de emergencia por reflejos, pues no había tiempo para pesar» así de simple fue mi respuesta. además sabia que mi reservas funciono tan rápido por la adaptación del pilotín en su cúpula.
Moraleja: no te confíes ni le des tanto margen a la Parca, que te las puede cobrar y ella no devuelve.
Este hecho no fue ficticio, fue real y se hizo un artículo en Radio, que narro esta emergencia de la que fui el actor principal, para difundir la culminación de las competencias nacionales de paracaidismo en Cienfuegos, allá a finales de la decada de los 70, y que me sirvió de una buena enseñanza, en mi retiro del paracaidismo con más de 3000 saltos.





