
Hace un tiempo, no sé, si fue corto o largo, caminaba por un parque y quizás un poco cansado de andar, me senté en uno de sus bancos, bajo la cálida, sombra de un esbelto sauce.
Estaba solo en mi entorno, el silencio roto por el trino de un pájaro y el paso del viento, eran el escenario idóneo para reflexionar sobre el pasado.
Si!… en mi pasado……No de la niñez y la adolescencia que viví muchos años atrás Si no de la transformación de mi madures en el camino final hacia la última etapa de mi vida.
Rápido, fugas mis pensamientos se trasladaron al entorno en mi antiguo hogar, de mis amigos, y mi familia, que con cariño recordaba, del calor que tanto disfrutaba en aquella silla vieja de mi terraza preferida, donde de vez en cuando algún motivito se celebraba, miré a m,i alrrededor contemplando el fruto de mis sueños, logros y tantos años de sacrificio.
Recordaba, que aquellos esfuerzos en lograr una vida mejor se estaban deteriorando, que sin darme cuenta todo lo que había construido en mi entorno para mi felicidad futura, estaba a punto de desaparecer, sin siquiera percatarme lo cerca que estaba.
Comprendí que luchar por un futuro bienestar en mi pais, Cuba, era imposible, que estaba cometiendo el error de pensar que, podía sobrevivir a tanta incertidumbre, a tanta limitación y no era uno de los elegidos del rey, estaba seguro que mis últimos suspiros no podrían terminar en aquel hogar que tanto desee y que apenas disfrutaría, si en verdad añoraba un pequeño espacio de libertad, tranquilidad, personal, sin la persecución propia de algo que no comprendes.
Pero el destino y quizás el deseo de no doblegarte antes las penurias existentes cada vez más agobiantes, me impulsó a hacer lo que todos los Cubanos hacemos o mejor optar por la única posibilidad exístente…. emigrar.
Pensando, en mi nueva aventura, de abandonar el nido y dejar atrás todo lo que había cultivado en tantos años de empeño, recursos económicos invertidos en favor del bienestar, personal y de la familia, meta que quieres alcanzar para asegurar tu vejez inminente, que no perdonaría ya tus errores y lograr ser un poco más coherente con tú realidad.
Pero al final todo tiene su precio, habías logrado a través de los años, un bienestar modesto en tu entorno, a pesar de tu edad cronológica, habías triunfado en casí todos tus empeño, te habías situado en un escalón superior a tus aspiraciones personales; e incluso tus cosas más intimas, reconocimientos, diplomas, libros fotos, trofeos deportivos y un sin número de objetos, que marcaban tu existencia y tu historia.
Hasta tus herramientas, con las que reparabas cualquier objeto dañado, tendrías que dejar atrás, pues no podías llevártelo contigo, y sobre todo el más codiciado!!…. tu hogar que construiste con gran esfuerzo.
Todo a cambio de nada, o mejor el precio de la libertad, de poder caminar sin la oscura presencia de un perseguidor.
En la medida que mi mirada recorría mi entorno, comprendía que era imposible poder llevar lo que había logrado tener durante tantos años y que guardaba con celo, y un nudo en la garganta resumía mi decisión de dejarlo a un lado.
Tan solo dos maletas!, era la sentencia indiscutible de tu decisión de emigrar a otro país, con angustia y el corazón roto, dejabas todo aquello que fuiste logrando con tantos años de sacrificio, y otras no menos importantes dejé.
En una de las maletas pusiste la selección de tu ropa, más usada, algunas cuestiones personales, fotos, en fin hasta lograr no pasar el peso establecido, en la otra, Algunos de tus logros alcanzados, dejando espacio suficiente a la esperanza, a la fe y ¿por qué no?…..también a la suerte.
Así partí, una noche oscura de aquel día, con la fe y la esperanza de volver a empezar, sin miedo alguno a la predicción profética de alguien muy cercano a mí, que quizás no valoró mi arrojo, y me insinuó, «estas muy viejo para empezar» y yo consternado por la observación…., dudé un instante, Pero! me repuse y volví a confiar una vez más en mí decisión y mi empeño.
Salí a buscar nuevos horizontes, con muchas limitaciones y nuevas esperanzas, otras tierras, nueva gente conocí, pasé frio, quizas hambre, hasta que una mano amiga cobijo me dio.
Pero mí firmeza y empeño,…. triunfó, quizás cansado de tanto andar, volví a empuñar mí único tesoro, el que guardaba celoso en aquel espacio reducido y…… «Tan solo mis dos maletas!»……. llevé.





